viernes, 9 de enero de 2009

Nota a Nico- Revista Caras (parte 1)


NOTA A NICO VAZQUEZ - REVISTA CARAS (PARTE 1)Con Gimena encontré el equilibrio y la felicidad’Nico Vazquez, enamorado en la Isla de CarasSe ríe de sí mismo cuando recuerda que, a los 13 años, le pidió a su mamá que lo llevara al médico intrigado por “si algún día iba a crecer y a dejar de ser un petizo picarón, para ser un picarón a secas” –dice-. Repite la carcajada al revivir el día que el director Carlos Sorín lo eligió, por su entusiasmo y entre 40 chicos, para encabezar la coreografía de un comercial de un famoso hipermercado, y él, a las 3:30 de la mañana, en un galpón vacío, se sintió Ricardo Darín. Y aunque hoy mida 1,84 m y haya protagonizado durante 2008 la exitosa “Casi Angeles”, una de las tiras más vistas del año, Nicolás Vázquez (31) no olvida aquellas historias mínimas que lo condujeron a componer su presente. Es la primera vez después de dos años, desde su separación de Mercedes Funes, que el actor decide hablar delante de un grabador sobre aquella silenciosa y dolorosa ruptura matrimonial, amparado por su gran presente sentimental al lado de su compañera de elenco y novia desde hace un año y medio, Gimena Accardi (23). “No sabés lo que es esta piba”, desliza él, en la Isla de CARAS, en un anticipo de sus confesiones, que hablarán desde sus comienzos en un casting con Mariano Martínez hasta de su deseo de tener un hijo con Gimena. “Ojalá se pueda dar…”, dice. —¿Se acuerda de su primer trabajo? —Fue una publicidad de Fanta. Fue genial. Llegamos a “la final”, como llamaba yo a la última etapa del casting, un chico y yo. ¿Quién era el otro? Mariano Martínez. Año 1996. Con Mariano ya nos conocíamos porque nos cruzábamos en distintos castings. Y quedé yo. —Le ganó a Mariano Martínez en la final. ¿Hubo rencor después de eso? —¡No! Porque, además, teníamos una onda increíble. Mariano estaba haciendo algo en ese momento y me decía que ojalá quedara yo. —¿Le creía? —Sí. Después nos hicimos amigos, y al cabo de un año trabajamos juntos en una temporada de RRDT. Entré en la trama como amigo de él y hacía de mudo, porque no tenía mucha letra. Pero tuve el placer de laburar con Carlín Calvo, Diego Peretti, y Osvaldo Santoro, entre otros. Aprendí mucho. Además, estaba con jugadores de fútbol como Diego Tapia. Me volvía loco. —¿Qué es lo que más destaca de esa experiencia? —Carlín fue lo más grosso que me pasó ahí. Tenía 19 años. Me dijo desde el primer día que iba a llegar, que era un caradura como él. Y en ese momento yo no tenía ningún protagonismo. El tipo se arriesgó, y no se equivocó. Para que haya una noción del nivel de participación, hablaba Tapia, y yo ¡no! Cuando Tapia lea esto ¡se va a morir! (risas). —¿Considera que es un hombre que se hizo a sí mismo? —Totalmente. Estoy muy agradecido a la gente que confió en mí. Desde mi primer maestro de teatro, que me permitió entrar en un grupo de mayores de 16 años cuando tenía apenas 14. En ese momento, encima, era un enano. Ahora mido 1,84 m. Igual era un enano canchero. Y el profesor me dijo que tenía algo, pero lo único que me pedía es que no hiciera lío. Yo tenía compañeras de 16 y 17 que “explotaban”. Además, todas se cambiaban a mi lado. Es el día de hoy que él me pone como referente ante sus alumnos, y se me llenan los ojos de lágrimas. Y después, claro, mis viejos fueron muy importantes porque me apoyaron ciento por ciento y me dijeron que si me gustaba la actuación fuera a golpear puertas. Nunca existió el “tenés que estudiar otra cosa”. Yo me quise anotar en el CBC y me fui. Me anoté en Terapia Ocupacional, porque me gusta mucho la Psicología.

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